La nitidez, como todos bien sabemos, depende en gran medida de la existencia de más movimiento del debido para unas condiciones de configuración de cámara y de iluminación determinadas.
En condiciones de poca luz, la velocidad de obturación necesaria suele ser baja, y esto propiciará que, aunque evitemos recoger movimiento alguno, la escena perderá nitidez. Todos hemos hecho fotos en interiores y a base de pulso hemos conseguido no tener movimiento, pero podemos observar cómo esas fotos carecen de la nitidez a la que estamos acostumbrados en las tomas de día.
La solución es sencilla: activamos el flash y subimos la velocidad de obturación, y obtendremos una imágen muy nítida, como si la hiciéramos en un lugar soleado a plena luz del día. Evidentemente los límites vienen fijados por la potencia del falsh, no esperemos que funcione para fotografías a 50 metros…
Esta técnica también es muy útil cuando el sujeto a fotografiar no deja de moverse y andamos por velocidades de obturación de 1/20 o 1/15 (es el caso de un niño que no se queda quieto): activamos el flash, subimos la velocidad de obturación para que no recoja los movimientos del niño (1/100 podría ser suficiente, dependiendo de la situación) y, “congelamos” al niño, aumentando la nitidez.
Por tanto, no sólo usaremos el flash cuando no tengamos luz suficiente sino que, aún teniéndola, lo usaremos cuando queramos mejorar la nitidez de la foto. La explicación técnica de este hecho ya fué analizado en un post anterior, y no es más que la velocidad de disparo de un flash estándar suele ser 1/10.000, congelando cualquier tipo de movimiento ya que nadie realiza movimientos en una diezmilésima de segundo
José Antonio Pérez